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jueves, 2 de enero de 2014

Resumen de la XXVII Edición del Carnaval de Biología


Dice el dicho popular que "lo bueno, si breve, dos veces bueno". No ha sido el caso de la XXVII Edición del Carnaval de Biología, que además de haber sido muy buena, se ha extendido durante los meses de Noviembre y Diciembre, el doble de lo habitual.

Pero todo lo bueno se acaba y ya ha llegado el momento de echar la persiana a la presente edición.  Y lo primero que me pide el cuerpo es daros las gracias de todo corazón, a todos los que habéis participado, por haber compartido vuestros conocimientos de biología. Han sido un total de 37 entradas desde 24 blogs distintos, tocando una gran variedad de temas y todas ellas de una enorme calidad. Mención especial para Marta Macho y Manuel Sánchez que, con seis y cinco entradas respectivamente, han sido los más prolíficos. No me esperaba menos de vosotros, ;-)

Sin más dilación, os dejo ya con el resumen de las entradas participantes:

  • Iones para la paz...interior. Dolores Bueno desmonta, punto por punto, la patraña de los iones. Que sí, que pueden ser buenos para la salud. Pero no como nos los quieren vender. Si es que no hay nada como aplicar un poco de ciencia...

  • Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo 2013. Marta Marcho nos recuerda que cada 10 de noviembre se celebra Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo. El tema de este año es "Ciencia para la cooperación del agua: el intercambio de conocimientos, datos e información".




  • Solo sé que no sé nada. Una lúcida reflexión de Mónica Chagoyen sobre la investigación científica y cómo deja al descubierto nuestras limitaciones.

  • Las sustancias químicas que nos rodean. Sergio Pomares nos ofrece una clase magistral sobre los xenobióticos, aquellas sustancias químicas ajenas a nuestro organismo que no poseen una función biológica endógena.


  • ¿Nuestros genes nos hacen únicos? La comprensión de nuestro ADN sigue siendo uno de los retos de la ciencia. Como nos explica José Luis Moreno, una reciente investigación pone de manifiesto cómo la activación de tramos de ADN parecidos en dos especies distintas puede dar lugar a resultados muy diferentes.


  1. Nuestros recursos son limitados. Desde CEA nos recuerdan la delicada situación del medio ambiente en nuestro planeta y nos animan a poner nuestro granito de arena con algunas sencillas ideas.


  • Esos pequeños astrónomos...los escarabajos. David Ballesteros nos habla de una investigación que ha demostrado que los escarabajos peloteros usan la luz de la Vía Láctea para orientarse de noche. ¿No es increíble?








  • Un experimento de 25 años (primera parte). Manuel Sánchez participa de nuevo para explicarnos en esta ocasión el experimento evolutivo de Richard Lenski, que dura ya un cuarto de siglo y que todavía no ha terminado.


  • Chusques y ratadas. Germán Fernández nos explica cómo la floración de ciertas especies de plantas pueden provocar un crecimiento desorbitado en la población de roedores.

  • La leyenda de los pinzones de Darwin. Francis Villatoro nos recuerda que los pinzones de las Galápagos no tuvieron nada que ver con el origen de la teoría de la evolución de Darwin.



  • Cocodrilos que cazan con cebo. Dos especies de cocodrilos, de distintos continentes, usan ramas a modo de cebo para atraer a sus víctimas. Como dice su autor, Germán Fernández, el reino animal no deja de sorprendernos.


  • Una nueva especie de tapirGermán Fernández nos anuncia el descubrimiento de una nueva especie de tapir, la más pequeña de las cinco que ahora mismo se conocen, y que habita en la zona del Amazonas.

  • Arquitectura de un virus del sida. Tres décadas después de su descubrimiento, cada vez conocemos más detalles sobre el virus del SIDA. Desde Flagellum nos lo explican en esta interesante entrada.

  • Homeopatía: #NoSinEvidencia. Justo Giner se suma a la iniciativa en contra de la aprobación de la homeopatía sin demostrar su efectividad. Parece una petición muy razonable, y sin embargo...

  • Un jardín de letras. Marta Macho nos presenta esta exquisita tipografía formada por hielo, flores, hojas, ramas y flores silvestres

  • Cuando lo natural funciona. Como nos recuerda sabiamente José Manuel López Nicolás, los llamados productos naturales pueden ser muy saludables, siempre que su principio activo así lo demuestre científicamente.
 





Eso ha sido todo. Como dije en la presentación, estoy muy contento de haberme quitado la espina que tenía clavada con este carnaval, del que todavía no había podido ser el anfitrión. Me ha faltado tiempo para añadir el banner del Carnaval de Biología al menú lateral del blog. 

Me despido de vosotros no sin antes recordaros que la XXVIII Edición del Carnaval de Biología se albergará durante el mes de enero en el blog Vida y Estrellas de David Ballesteros. Allí nos vemos.

¡Que no pare la fiesta! ¡Que no pare el Carnaval!



lunes, 9 de diciembre de 2013

Ampliación de la XXVII Edición del Carnaval de Biología


¡Grandes noticias! Después de hablar con @Raven_neo, el coordinador del Carnaval de Biología, hemos decidido ampliar la XXVII Edición del Carnaval de Biología hasta el 31 de diciembre. Y para no caer en la monotonía, también hemos querido introducir una pequeña variación. Como el tema propuesto inicialmente, la biología y los Premios Nobel, no ha tenido mucho éxito y solo un servidor se atrevió con él (ya os vale), me voy a poner duro. Como alternativa hasta el final de la presente edición, y teniendo en cuenta las fechas que se acercan, se propone el tema "la biología y la Navidad". Tampoco hace falta estrujarse mucho el coco, con una foto como la de más abajo sería suficiente. El caso es divulgar la biología con un toque navideño. Sí, lo sé, es tan diabólico como poco original...Vosotros lo habéis querido.

Árboles de DNA navideños en "copos" de agua (fuente)

Os remito a la entrada de presentación de esta edición que acabo de actualizar con las novedades, y en la que se seguirán incluyendo todas las aportaciones que vayan llegando.


domingo, 17 de marzo de 2013

La magia de la laguna Hutt


Esta imagen encajaría a la perfección en una galería de arte, aunque no ha salido de la mano de ningún pintor. Fue captada por el fotógrafo Steve Black, a bordo de un helicóptero, mientras sobrevolaba la laguna Hutt, en Kalbarri, al oeste de Australia. Durante tres años, Black repitió en varias ocasiones su visita a esta laguna austral, hechizado por la magia de sus tonalidades, que van del naranja al rojo, y en las que predomina el rosa. 


La laguna Hutt es una laguna salada que se encuentra justo al norte de la desembocadura del río Hutt. Tiene forma alargada (14 kilómetros de longitud por solo 2,3 kilómetros de ancho) y está separada del Océano Índico por una barrera de dunas que mide menos de un kilómetro.  La profundidad media de la laguna Hutt no llega a un metro, y su nivel se encuentra muy por debajo del nivel del mar. La concentración de sales es tan elevada que parecería imposible encontrar vida en ella.



Parecería imposible, pero no lo es. Durante millones de años, una alga llamada Dunaliella salina ha conseguido adaptarse a este medio. Esta alga sobrevive gracias a la producción de glicerol, una sustancia viscosa que le protege de la elevada presión osmótica. Al mismo tiempo, las algas también se protegen del intenso calor australiano (en verano se ha alcanzado una temperatura récord de más de 50ºC) produciendo una sustancia llamada beta-caroteno. Precisamente el beta-caroteno es el responsable del espectacular color de las aguas de la laguna Hutt al interaccionar con la luz solar.



Resulta que el beta-caroteno también es un potente antioxidante, fuente de vitamina A, muy usado en la industria farmacéutica y cosmética, además de un pigmento que se utiliza en la industria culinaria. La laguna se ha convertido en la mayor planta de producción de microalgas de todo el mundo con 450 hectáreas, lo que supone el 18% de la superficie total de la laguna.



Puedes disfrutar del espectacular trabajo al completo de Steve Black en su página web.

NOTA: Esta entrada participa en la Edición nº23x1 del Carnaval de Química que organiza el blog Moles y Bits. También participa en la XXII Edición del Carnaval de Biología que alberga Consultoría y Educación Ambiental.


domingo, 7 de octubre de 2012

La pesadilla de un mejillón


Para ponernos en situación, imagínate que eres un mejillón que está agarrado plácidamente a los pilares de un embarcadero, cuando observas con horror que se acerca un ejército de estrellas de mar. Una de ellas se posa encima tuya con malas intenciones. ¿Puedes  protegerte del ataque de la estrella de mar?

Pues al menos en esta ocasión no. Y vamos a verlo de primera mano, gracias a una minúscula cámara colocada en el interior del mejillón. Como si se tratara de una película de terror, puedes ver cómo los pequeños tentáculos que tiene la estrella de mar en los brazos buscan un resquicio en el cierre de la cáscara. Y cuando lo encuentran, ya no hay marcha atrás. Los tentáculos consiguen abrir poco a poco la cáscara del mejillón y entonces la estrella de mar despliega su estómago, que literalmente se introduce en el interior de su víctima y expulsa una serie de jugos químicos que disuelven en un abrir y cerrar de ojos la carne del molusco. La sopa de nutrientes que queda es absorbida por la estrella de mar, que después recoge su estómago y se retira sin más, dejando atrás la cáscara vacía del pobre mejillón.

Pues eso, de pesadilla.


NOTA: Esta entrada participa en el XVII Carnaval de Biología que organiza en esta ocasión @Ununcuadio desde su blog Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

jueves, 12 de julio de 2012

El parásito de Bob Marley


Ya hablamos en su día de la incontrolable afición de los biólogos a poner nombre de famosos a las nuevas especies que descubren. Pues bien, en esta ocasión le ha tocado el turno a Bob Marley. Desde hace unos días, el carismático cantante jamaicano, fallecido en 1981, tiene el honor de haber inspirado el nombre de una nueva especie animal, Gnathia marleyi, dentro de la familia Gnathiidae.

Se trata de un pequeño crustáceo parásito de algunos peces en los arrecifes poco profundos del Caribe oriental. Al nacer se oculta entre los corales y algas marinas, a la espera de encontrar alguna víctima. Entonces se lanza a por ella y la infecta, alimentándose de su sangre hasta completar su crecimiento. Tal es el banquete que se da que los ejemplares adultos consiguen sobrevivir entre dos y tres semanas más sin volver a alimentarse. Por su modus vivendi, las gnathiidae son comparadas a veces con las garrapatas terrestres.

Aunque no parece el más agradable de los tributos, su descubridor, el biólogo marino Pablo Sikkel, de la Universidad Estatal de Arkansas, dice que le puso el nombre al diminuto crustáceo por el "respeto y admiración" que sentía hacia el cantante de reggae. Y añade también, para despejar cualquier duda, que “esta especie es tan auténticamente caribeña como lo era Marley”.

No deja de ser una ironía que el nombre de Bob Marley lo lleve precisamente un parásito, cuando todavía hoy son muchos los que se creen aquella leyenda urbana sobre el número de piojos que se encontraron en su melena cuando murió, o peor aún, que el tumor cerebral que causó su muerte fue provocado por la falta de higiene de su pelo.

El caso es que el bueno de Bob se une a la selecta lista de famosos que han inspirado el nombre de una nueva especie. Una lista que, en los últimos meses, han pasado a engrosar gente como Beyoncé –con una mosca australiana-, o la diabólica tripleta de ¿políticos? estadounidenses George W. Bush, Dick Cheney y Donald Rumsfeld, cada uno con una nueva especie de escarabajo. Es un buen momento para volver a consultar esta lista actualizada (todavía sin el Gnathia marleyi), y ya de paso, escuchar al propio Bob Marley.



jueves, 19 de abril de 2012

Luz actínica


La semana pasada, en pleno síndrome post-vacacional, me encontré con este vídeo grabado en un acuario. Después de verlo y relajarme (que falta me hacía), me puse a pensar y me surgió esta pregunta: ¿a qué se debían esos tonos entre azulado y violeta que teñían la imagen?

La verdad es que no lo sabía, pero investigando un poco descubrí que era debido a la luz utilizada para iluminar el acuario, conocida como luz actínica. Y hay una buena razón para hacerlo, más allá de motivos estéticos. Esa luz es la que reciben los corales y otros seres vivos que se encuentran en el límite de la llamada zona fótica, que es como se llama la zona en la que penetran los rayos solares. La profundidad a la que llegan éstos es muy variable y depende de varios factores. Uno de ellos es su inclinación; cuanto más alto en el horizonte se encuentre el Sol y más vertical sean sus rayos, mayor será su poder de penetración. Otro factor muy importante es la turbidez del agua, que depende de las partículas en suspensión que contenga. No es lo mismo el agua de un pantano, que el agua cristalina de algunas regiones tropicales. En el primer caso, el límite de la zona fótica puede situarse a menos de un metro de la superficie, mientras que en el segundo caso puede superar ampliamente el centenar de metros.

Por un motivo o por otro, lo que ocurre es que, al penetrar en el agua, ésta actúa como un filtro de la luz. Hay que tener en cuenta que la luz visible, aquella que el ojo humano puede captar, es en realidad un conjunto de ondas electromagnéticas con distintas longitudes de ondas, comprendidas entre los 400 y  los 750 nanómetros. Cada una de estas longitudes de onda es percibida por nuestro ojo como un color diferente, que van desde el violeta al rojo. El azul, por ejemplo, tiene una longitud de onda de 450 nanómetros.

(Fuente)

Cuanto mayor es la longitud de onda de la radiación que se considere, menor es su poder de penetración. Así, la luz roja es la primera en ser filtrada, ya que sólo puede penetrar una corta distancia. A medida que los rayos solares alcanzan una mayor profundidad, pierden sus rayos naranjas y amarillos, y así sucesivamente con el resto de colores del espectro visible. De todos ellos, la luz azul y violeta es la que tiene un mayor poder de penetración. Precisamente se llama luz actínica a la que tiene una longitud de onda que oscila entre los 400 y los 480 nm. Es decir, su luz es una combinación de azules y violetas.

¿Y cuál es el papel que juega la luz actínica en todo esto? Pues es fundamental para el desarrollo de corales y otros organismos marinos, ya que estimula el crecimiento de las llamadas zooxantelas.

Las zooxantelas son microalgas unicelulares que viven en simbiosis con los corales. Por un lado, los corales proporcionan a estas algas un hogar y, a través de su respiración celular, dióxido de carbono y agua. Por otro lado, las zooxantelas aprovechan la luz actínica, junto con el dióxido de carbono y el agua que reciben de los corales, para realizar la fotosíntesis. Como resultado producen oxígeno y otros nutrientes, tales como azúcares y lípidos, que el coral utiliza en su respiración celular, cerrando el círculo.

Las zooxantelas, vistas al microscopio (fuente)

Las zooxantelas también son las responsables de los colores tan vivos que tienen los corales. En particular, esos tonos verdes fosforescentes que se veían en el vídeo se deben a la clorofila, la molécula que juega un papel fundamental en la fotosíntesis y que permite a las algas -y también a las plantas, por supuesto- obtener energía de la luz solar.

Arrecife de coral en el Mar Rojo (Crédito: Carlos Villoch)

Esa simbiosis perfecta entre corales y zooxantelas es la clave de su éxito en los océanos. Especialmente maravillosa es la Gran Barrera de Coral, el mayor arrecife de coral del mundo, que se extiende a lo largo de más de 2500 kilómetros por el Mar del Coral, cerca de Australia. Es una estructura tan impresionante que se divisa desde el espacio. 

Impresionante vista aérea de la Gran Barrera de Coral (fuente)

Desgraciadamente, los corales se están viendo muy afectados por el cambio climático. Al calentarse las aguas donde habitan, el coral se "estresa" y rompe el delicado equilibrio con las zooxantelas, expulsándolas. Entonces el coral pierde su coloración habitual, pasando a adquirir un tono blancuzco. Y lo que es peor, si esta situación se prolonga demasiado tiempo y la colonia de zooxantelas no se recupera, el coral acaba muriendo. Este proceso es lo que se conoce como "blanqueo de coral".

En primer plano, un coral blanqueado; al fondo, uno sano (fuente)

Un último detalle para finalizar. Cuando ya tenía prácticamente terminada la entrada, se me ocurrió consultar el diccionario (sí, a veces hago estas locuras, XD). Así me enteré que, según la RAE, actinismo es la acción química de las radiaciones electromagnéticas, en especial las luminosas. Y que esta palabra deriva de la palabra griega que significa rayo luminoso.

P.D. – Esta entrada participa en la XIV Edición del Carnaval de Química que organiza en esta ocasión Bernardo Herradón desde Educación Química. También participa en el XII Carnaval de Biología que organiza Raúl de la Puente en Blog de Laboratorio.