viernes, 9 de marzo de 2012

Así nace uno de los insectos más raros del mundo



Sí, el vídeo es un poco agónico, pero ¿quién dijo que nacer era sencillo? A mí me resulta maravilloso que un insecto tan grande pueda salir de un huevo tan pequeño. Además, es la primera vez que se observaba la eclosión de este insecto (el vídeo tiene unos meses), entre otras cosas porque es extremadamente raro. Se trata del insecto palo de la isla de Lord Howe (Dryococelus Australis), un insecto de enormes proporciones que debe su nombre a una pequeña isla en medio del Océano Pacífico, a unos 600km del continente australiano. Sus dimensiones son tales que a veces se les ha llamado langostas de suelo o salchichas con patas; un ejemplar adulto puede llegar a medir hasta 15 centímetros y pesar 25 gramos. Y, aunque no tiene alas, cuenta con unas patas robustas que le permiten correr muy rápido. Como se puede ver en esta imagen, poco se parece al recién nacido del vídeo, de aspecto frágil y color esmeralda.

¡Si apenas le cabe en la mano! (fuente)

Pero lo que me ha animado a compartir este vídeo no es sólo su nacimiento, sino también la asombrosa historia que hay detrás de los Dryococelus australis y por qué se le considera uno de los insectos más raros del mundo. El origen de estos insectos se remonta a la época jurásica, hace más de ciento cincuenta millones de años. Esto significa que los primeros Dryococelus no sólo convivieron con los dinosarios, sino que los sobrevivieron. Desde entonces, camparon a sus anchas por la isla de Lord Howe, sin competencia alguna. Por eso han alcanzado ese enorme tamaño, tan poco usual en otros miembros de la misma familia. Los pobres se las prometían felices...hasta que llegó el ser humano.

Al principio, el insecto palo fue usado como cebo para la pesca, lo que apenas tuvo repercusiones para la colonia. Pero el 15 de junio de 1918, el Makambo, un barco que cubría la ruta entre Sydney y Port Vila, la capital de las Nuevas Hébridas, encalló en la costa de la isla de Lord Howe. Tardaron nueve días en reparar los desperfectos, tiempo suficiente para que las ratas que viajaban a bordo lograran escapar y se desperdigaran por la isla. Allí encontraron un delicioso manjar con el que alimentarse: los huevos de Dryococelus. En apenas dos años, las ratas habían arrasado la colonia de Drycocelus y la especie se consideró extinguida.

El Makambo, anclado (fuente)

La historia no termina aquí, aunque para continuar con ella debemos trasladarnos unos veinte kilómetros al suroeste de la isla de Lord Howe. Allí hay un pequeño islote de apenas 300 metros de largo conocido como la Pirámide de Ball, famoso entre los aficionados a la escalada por un pico de más de 500 metros que domina el islote y que cuenta con unas paredes de vértigo (sólo hay que ver la imagen de más abajo). Se trata en realidad de los restos de un antiguo volcán que emergió del mar hace unos siete millones de años. En la década de 1960, un grupo de escaladores visitó la Pirámide de Ball y, para su sorpresa, observaron los cadáveres de unos extraños insectos muy parecidos al insecto palo que se consideraba extinguido. En los años siguientes se encontraron más insectos muertos, pero no se logró hallar ningún ejemplar vivo.

La Pirámide de Ball, un auténtico "muro" (fuente)

Todo esto podía haberse quedado en una anécdota, pero entonces sucedió lo inesperado. En 2001, un equipo formado por dos científicos australiano y sus respectivos ayudantes aterrizaron en la Pirámide de Ball para estudiar su flora y fauna, y, por muy increíble que parezca, encontraron una población de Dryococelus ¡escondida en un arbusto de Melaleuca completamente aislado! Había exactamente 24 ejemplares.

¿Cómo llegaron hasta allí? ¿Fueron “recogidos” por algún pájaro? ¿O quizás se escondieron en un barco cual polizontes? Nadie lo sabe con seguridad. Tampoco se entiende cómo han podido sobrevivir tanto tiempo alimentándose de un único arbusto. En cualquier caso, lo importante en ese momento era proteger a esa minúscula colonia de insectos que se creían desaparecidos.

Tras dos años de deliberaciones, el equipo recibió el permiso de las autoridades australianas para regresar a la Pirámide de Ball y recoger dos parejas reproductoras; una se llevó a un criador privado en Sidney y la otra al zoo de Melbourne. La primera pareja murió al cabo de sólo dos semanas, por lo que todas las esperanzas estaban puestas en Melbourne. Después de superar múltiples dificultades, se ha conseguido criarlos en cautividad. En 2008 la población en cautividad era de unos 700 miembros y había más de diez mil huevos esperando ser incubados. Hoy en día el Dryococelus Australis ya está preparado para volver a su hábitat natural, la isla de Lord Howe, de donde nunca debería haber salido. Aunque, antes de dar este paso, hace falta la intervención de la administración local para que acabe con la plaga de ratas invasoras que todavía asola la isla.


NOTA: Esta entrada participa en la XI Edición del Carnaval de Biología que alberga en esta ocasión el blog Ciencia y alguna otra cosa.

3 comentarios:

  1. Debe ser fantástico hacer un descubrimiento así: una colonia de insectos que lleva sobreviviendo durante generaciones al límite sobre un arbustito en un islote pelado.

    Ya estás en la lista de participantes :-)

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  2. interesante, si al alien le hubiese costado salir lo mismo del huevo la pelicula hubiese durado poco

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  3. Espectacular, la historia y el video.
    Y me encanta elo comentario de Ricardo, jaja, aun me rio ~:-D

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