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martes, 16 de diciembre de 2014

Interstellar, o cómo usar la física en una película


Sin duda, se trata de uno de los estrenos del año. Interstellar, la última película del inglés Christopher Nolan, llega dispuesta a renovar el género de la ciencia ficción. Un ambicioso proyecto en la ya ambiciosa carrera del director que deslumbró con Memento, que dio una vuelta de tuerca al personaje de Batman con su trilogía de El Caballero Oscuro, y que nos llevó por los rincones más ocultos de la mente en Origen.

Intestellar nos sitúa en un futuro distópico, con la Tierra asolada por una grave sequía. La falta de alimentos es tan acuciante que los gobiernos obligan a los ciudadanos a trabajar como granjeros. La exploración espacial y la investigación científica han pasado a un segundo plano, y en los colegios se enseña que las misiones Apolo fueron mentira.

Las sequías y las tormentas de arena amenazan el futuro de la Tierra

Entonces, en un claro homenaje a 2001: una odisea en el espacio, “alguien” bienintencionado abre un agujero de gusano cerca de Saturno. Un agujero de gusano es un hipotético atajo en el espacio-tiempo, que permitiría conectar puntos que están enormemente alejados unos de otros. En este caso, pone a tiro de piedra tres planetas potencialmente habitables, en las cercanías de un agujero negro supermasivo llamado Gargantúa. La tripulación de una nave espacial, pilotada por Cooper (Matthew McConaughey), deberá estudiar estos mundos y determinar si pueden ser un nuevo hogar para la humanidad.

La nave espacial Endurance

Este es, a grandes rasgos, el argumento de la película. Vayamos ahora con uno de sus puntos fuertes: la física que hay detrás. En ella se habla de agujeros negros, agujeros de gusano, ondas gravitacionales y encuentros con criaturas de otras dimensiones…Todo esto tiene un protagonismo real en la película, pero ¿de verdad se ha respetado la física o sólo es palabrería?

Lo primero que hay que saber es que la película ha contado como asesor científico a Kip Thorne (Logan, Utah, 1940), uno de los mayores expertos en relatividad general y padre de los agujeros de gusano. En 2005, la productora Lynda Obst le propuso hacer una película basada en su trabajo científico. Él solo puso dos condiciones. Nada en la película violaría las leyes establecidas de la física. Y toda especulación científica tendría que estar dentro de los márgenes de lo factible.

Así fue cómo, durante casi una década, Kip Thorne estuvo trabajando en el guión de Interstellar para darle sentido desde el punto de vista de la física. Él mismo se encargó de escribir las pizarras llenas de fórmulas del Profesor Brand (Michael Caine). Y las simulaciones por ordenador fueron desarrolladas a partir de un código generado por el propio Thorne. El resultado es soberbio. La representación del agujero negro Gargantúa, por ejemplo, es la más realista que se ha visto nunca en el cine.

Gargantúa, con el planeta Miller en sus proximidades

Aún más, quien crea haber detectado un error en la película –como un servidor cuando la vio-, que se espere a leer el libro que ha escrito Thorne al respecto, The Science of Interstellar. Sin usar una sola fórmula matemática, Thorne explica los detalles científicos de la película con una sencillez pasmosa. Todo aquello que parecía no encajar, tiene una respuesta convincente en la mente preclara de Thorne. Hay que quitarse el sombrero ante este hombre, capaz de ganar una apuesta al mismísimo Stephen Hawking (ver Buk Magazín, nº 6).


¿Hace todo esto a Interstellar una mejor película? En mi opinión, sí. De todas formas, que guste o no depende de otros muchos factores. Lo único que puedo hacer es animarte a que la veas, sabiendo al menos que cuenta con el respaldo de las leyes de la física. 

martes, 17 de diciembre de 2013

Gravity, la película

(Esta entrada se publicó primero en el número 7 de la revista Buk Magazin, que puedes leer online. Para quien no haya visto la película, esta entrada contiene algún pequeño spoiler.)



Dejemos una cosa clara: Gravity, dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón, es una gran película. Trepidante y angustiosa. Una de las que mejor refleja la realidad del astronauta. Un espectáculo visual que hay que disfrutar en pantalla grande y, a ser posible, en 3D. Una película en la que –nunca pensé que diría esto- hasta Sandra Bullock está bien. Muy bien.


Pero claro, también es una película de temática espacial, y en los últimos años no hay película de este género que no cometa diversas pifias desde el punto de vista científico. ¿Será Gravity una más o se habrán preocupado de cuidar este aspecto?

Repasemos brevemente el argumento. La película narra la historia de dos astronautas, Ryan Stone y Matt Kowalsky (Sandra Bullock y  George Clooney, respectivamente), que forman parte de la misión STS-157 del transbordador Explorer, cuyo objetivo es reparar el telescopio espacial Hubble. Todo se complica cuando, a punto de terminar la misión, les sorprende una lluvia de fragmentos causados por la explosión de un satélite ruso.  


Una de las cosas que me ha chocado es que el telescopio Hubble, la Estación Espacial Internacional (ISS) y la estación china Tiangong se ven en el mismo plano. Primer error de bulto: el Hubble se encuentra a 563 km de altitud, la ISS a 370 km y la Tiangong a unos 355 km. No sólo es que estén a diferente altura (y, por tanto, se muevan a distintas velocidades), sino que sus órbitas tienen diferente inclinación. En la realidad sería imposible pasar de una a otra usando una simple mochila propulsora, ni siquiera con una nave Soyuz. Incluso para el George Clooney de turno.


Luego está la escena en la que Clooney suelta la correa del paracaídas que sujeta Bullock y se aleja sin remedio. Podríamos imaginarnos la misma escena con los mismos protagonistas en lo alto de un edificio, aquí en la Tierra, con la fuerza de la gravedad tirando hacia abajo. Pero resulta que allá arriba están en gravedad cero. Eso significa que no hay ninguna fuerza neta que tire de Clooney. Ambos protagonistas están en reposo. Un simple tirón por parte de Sandra Bullock hubiese puesto fin a esta dramática escena.


A pesar de estos dos errores de bulto y otros detalles menores, la película es bastante realista. Aunque el argumento pueda parece de ciencia-ficción, lo cierto es que la basura espacial es un problema cada vez más grave de la órbita terrestre; la ISS ya ha tenido que hacer una decena de maniobras en los últimos años para esquivar trozos de chatarra. Por otro lado, el nivel de detalle de los vehículos espaciales es increíble, tanto por fuera como por dentro. (Los manuales de vuelo que consulta la Bullock en la Soyuz, por ejemplo, existen realmente.) También llama la atención las fabulosas vistas de nuestro planeta, con auroras, puestas y salidas de sol y las luces de las ciudades. Nada que envidiar a las espectaculares imágenes que toman los astronautas desde la ISS. Y el silencio que lo rodeo todo, convertido en un protagonista más. Porque como se dice al principio de la película, “A 600 kilómetros sobre el planeta Tierra no hay nada que transmita el sonido”.


En definitiva, con sus aciertos y sus fallos, Gravity es la prueba de que se puede hacer buen cine y tener un mínimo rigor científico.