Mostrando entradas con la etiqueta luna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta luna. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de diciembre de 2013

La danza de la Tierra y la Luna

Imagínate por un momento que estás al mando de una nave espacial, moviéndote a más de 14.000 kilómetros por hora (casi cuatro kilómetros por segundo). Imagínate también que a esa increíble velocidad te acercas a nuestro planeta y lo pasas de largo. ¿Te gustaría saber lo que se siente? Pues esto:



Estas imágenes fueron grabadas por la sonda espacial Juno, cuando sobrevoló nuestro planeta rumbo a Júpiter el pasado 9 de octubre. Como explican desde la NASA, la propia sonda estaba girando un par de veces por minuto mientras se acercaba a la Tierra. Para no marear al espectador, cada una de las imágenes del vídeo fueron captadas en el mismo instante que la cámara apuntaba a la Tierra. Luego se enviaron a la NASA, donde se procesaron y montaron. 

Está previsto que Juno llegue a Júpiter en julio de 2016 y que su misión ayude a los científicos a conocer mejor la estructura interna, la atmósfera y la magnetosfera del gigante joviano.



domingo, 26 de agosto de 2012

Adiós a Neil Armstrong



Así posaba Neil Armstrong ante la cámara de Buzz Aldrin en el módulo lunar, después de su histórico paseo por el Mar de la Tranquilidad un lejano 21 de julio de 1969. Y así pienso recordarlo, ahora que ya no está entre nosotros: sonriente, satisfecho por el deber cumplido, casi emocionado. Porque ayer, 25 de agosto de 2012, murió el primer hombre en pisar la Luna. O lo que es lo mismo, el primer hombre en pisar otro mundo más allá del nuestro. Casi nada. 


Neil Armstrong nació en Ohio en 1930, estudió ingeniería aeroespacial con beca de la armada desde 1947, e inició su servicio como piloto de la armada estadounidense en 1949. Después de la instrucción, entró en acción en la Guerra de Corea, donde realizó 78 misiones de combate. Regresó a su país para terminar la carrera y solicitar un puesto de piloto de pruebas en la NACA y luego en la NASA. Pasó a formar parte del segundo grupo de astronautas en 1962 y figuró entre la tripulación de reserva de las Gemini 5 y 11, además de ser comandante de la Gemini 8. Frío y calculador, se ganó el respeto de sus superiores con varias actuaciones al límite. Por fin, tras desempeñar labores de asistencia en tierra para la misión Apollo 9, le llegó la oportunidad de su vida con el Apollo 11Fue también su último vuelo. Luego trabajó en los informes de la Apollo 13 antes de abandonar la NASA en 1971 para dedicarse a los negocios y la formación. Años después, formó parte de la comisión que investigó la pérdida del transbordador espacial Challenger en 1986. 

Algunas personas se convierten en leyendas cuando mueren. Neil Armstrong no. Él ya lo era desde el momento en que pisó la Luna y volvió para contarlo.

La tripulación del Apolo 11. De izquierda a derecha,
Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin.

Todos conocemos la famosa frase que pronunció Neil Armstrong al poner el pie en la Luna: "Un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad". Yo me quedo con otra que dijo al poco de concluir con éxito su misión como comandante del Apolo XI. Cuando estaba en la Luna "de repente me di cuenta que aquel diminuto guisante, precioso y azul, era la Tierra. Levanté el pulgar de una mano y cerré un ojo, y mi pulgar tapó nuestro planeta. No me sentí como un gigante. Me sentí muy, muy pequeño.

Gracias por haber sido tan grande.

FUENTE:
Astronáutica, de Giles Sparrow. Ediciones Akal, 2008.

lunes, 19 de marzo de 2012

Aniversario de la Lunar Reconnaissance Orbiter

La semana pasada, la sonda espacial Lunar Reconnaissance Orbiter cumplió los primeros 1.000 días en órbita alrededor de nuestro satélite. Y, para celebrarlo, los chicos del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA han realizado dos estupendos vídeos.

En el primero de ellos, "Evolution of the Moon", puedes ver una animación que recrea los momentos más importantes de la historia de la Luna. Un mundo que sufrió en sus inicios un periodo de intenso bombardeo, durante el cual enormes meteoritos formaron cuencas de impacto gigantescas. Un mundo que luego despertó brevemente y vomitó lava de su interior para rellenar con ella las cuencas de impacto. Un mundo que continuó padeciendo después los impactos de meteoritos –cada vez menos frecuentes, eso sí-, los cuales terminaron de esculpir el rostro actual de la Luna.


(Como seguramente hayas observado, la Luna aparece al principio del vídeo como una enorme bola candente, sin que se explique nada sobre su origen. Existen varias teorías al respecto; la más extendida afirma que se formó como resultado de la colisión de un protoplaneta del tamaño de Marte contra la Tierra primigenia. Quizás porque todavía no hay unanimidad, la NASA ha preferido olvidarse de esa parte.)

Después de repasar la evolución de la Luna, ahora pasamos al segundo vídeo, “Tour of the Moon”, en el que puedes disfrutar de un viaje por algunos de los lugares más representativos de nuestro satélite. Esto incluye el Mare Orientale, uno de sus cráteres más jóvenes y gigantescos; el cráter Shackleton, cuyo interior está permanentemente a la sombra; la cuenca de impacto Polo Sur-Aitken, la mayor estructura de este tipo del Sistema Solar; el cráter Tycho y su imponente pico central, formados hace sólo 108 millones de años; el cráter Aristarco, el lugar más brillante de la superficie lunar; la región Compton-Belkovich, producto de su antigua actividad volcánica; el cráter Jackson, con su complejo sistema de rayos; y, por último, el prominente cráter Tsiolkovsky, situado en la cara oculta de la Luna.


Este segundo vídeo está disponible en varios formatos en este enlace, donde también puedes encontrar otros vídeos específicos de cada una de las zonas visitadas.

En definitiva, dos regalos caídos del cielo. O mejor dicho, de la Luna.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Eclipse de Sol desde el Solar Dynamics Observatory

Ayer, 21 de febrero de 2012, el Solar Dynamics Observatory (SDO) presenció un fenómeno realmente hermoso: durante más de una hora y media, vio a la Luna pasar por delante del Sol, bloqueándolo en parte. Es decir, fue testigo directo de un eclipse de Sol parcial.


El  SDO es un telescopio espacial de la NASA que orbita a 36.000km de la Tierra y se dedica a estudiar el Sol. Lanzado hace poco más de un año, los instrumentos que lleva a bordo miden las temperaturas de las diferentes capas del Sol y proporcionan imágenes a distintas longitudes de onda del campo magnético en la superficie solar. Ayer, en todas las imágenes que tomó durante el eclipse solar parcial, apareció un convidado de excepción: la Luna. 






¿No son fascinantes? Simplemente añadir que en las últimas tres imágenes se puede apreciar con claridad un “pequeño” grupo de manchas solares. (Aunque de pequeño no tiene nada: es más grande que Júpiter y tiene por lo menos diez veces el tamaño de la Tierra.)

Combinando diversas imágenes como las anteriores, los científicos del SDO han creado este breve pero estupendo vídeo en el que se puede apreciar la secuencia completa del eclipse solar.


Cada año ocurren varios eclipses solares de este tipo que, aunque sólo son visibles desde el SDO, nos ofrecen algunas imágenes memorables como las anteriores y permiten a los científicos comprobar y calibrar sus instrumentos.  

jueves, 8 de diciembre de 2011

El último eclipse total de Luna hasta 2014

Este sábado 10 de diciembre la naturaleza nos brindará uno de sus espectáculos más bonitos: la Tierra se interpondrá entre el Sol y la Luna, produciendo un eclipse total de Luna. Será, además, el último eclipse de este tipo hasta abril de 2014, así que no debes perdértelo. Por desgracia, el fenómeno no lo podrán disfrutar en su totalidad los habitantes de Europa, África y América del Sur, entre los que me incluyo. Siempre nos quedará la opción de seguirlo por alguna de las webs (por ejemplo, éstaque retransmitirá íntegro el evento en directo.


Según informa la NASA, las horas previstas para las distintas fases del eclipse son las siguientes:

Comienzo de la fase penumbral:  11:33:32 UT
Comienzo del eclipse parcial:        12:45:42UT
Comienzo del eclipse total:            14:06:16UT
Máximo del eclipse:                        14:31:49UT
Fin del eclipse total:                        14:57:24UT
Fin del eclipse parcial:                    16:17:58UT
Fin de la fase penumbral:              17:30:00UT

Los tiempos están expresados en Tiempo Universal y hay que convertirlo a la hora local para no despistarse. Si estás en España, por ejemplo, debes sumarle una hora.

Aunque sea un eclipse total, la Luna no se oscurece por completo, sino que se tiñe de un color entre rojizo y anaranjado. El motivo es que los rayos solares, al atravesar la atmósfera terrestre, se refractan debido a las partículas de polvo que hay suspendidas e iluminan la parte posterior de la Tierra, lo que permite que veamos la Luna desde nuestro planeta con ese color. El fenómeno es análogo a lo que ocurre a diario al amanecer o atardecer, cuando el horizonte se tiñe de un color anaranjado. De hecho, el tono exacto del eclipse –de la gama entre naranja brillante y rojo sangre- dependerá principalmente del estado de la atmósfera en el momento del fenómeno. Si la atmósfera está llena de partículas volcánicas, por ejemplo, entonces la sombra será oscura. En cambio, una atmósfera limpia producirá un eclipse más brillante. Ahora mismo, la atmósfera está despejada, salvo algunos restos de volcanes recientes. Los expertos esperan que este eclipse sea naranja brillante, o incluso cobrizo. 

Secuencia del eclipse lunar total de 2007

Los afortunados que contemplen el eclipse con la Luna muy baja en el horizonte podrán disfrutar además de otro fenómeno muy curioso. Para ellos, la Luna no sólo será roja, sino también enorme. Cuando se encuentra a la altura de edificios, árboles y otros objetos de la superficie terrestre, la Luna nos parece inusualmente grande. En realidad, no es así. Su tamaño es el mismo cuando está ahí arriba que cuando se encuentra más baja; así lo han demostrado las cámaras. El culpable es nuestro cerebro, que se empeña en hacernos creer lo contrario. En mitad del cielo, el disco lunar parece más pequeño simplemente porque el escenario carece de referencias. 

Todo esto y más se explica con claridad en este vídeo de la NASA, con interesante información si te encuentras en la zona visible del eclipse en Norteamérica.






jueves, 16 de junio de 2011

Un año de la Luna en dos minutos y medio



Para todos los que nos gusta contemplar la Luna y no siempre podemos hacerlo, el Estudio de Visualización Científica del Centro Goddard de Vuelo Espacial de la NASA ha creado este fascinante vídeo en el que comprime, en apenas dos minutos y medio, el aspecto de la Luna, visto desde nuestro planeta, durante todo el presente año. La animación no se ha realizado con imágenes reales, sino mediante simulación por ordenador, a partir de datos facilitados por la sonda espacial Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO).

La gracia del vídeo, aparte del cambio de fases lunares que ya conocemos bien, es que permite observar con claridad algunas peculiaridades del movimiento de la Luna que son difíciles de apreciar de un día para otro. Debido a la inclinación de su eje y a la forma de su órbita alrededor de la Tierra -elíptica, como la de los planetas alrededor del Sol-, la Luna se balancea ligeramente de este a oeste y de norte a sur, en un movimiento oscilatorio que se conoce como libración. Otra de las consecuencias de su órbita elíptica es que la distancia de la Luna a la Tierra no es siempre la misma. Por eso la Luna parece aumentar o disminuir levemente de tamaño cuando se acerca o se aleja de la Tierra. (En realidad, la órbita de la Luna es más compleja y la elipse que describe no es fija, porque tanto la Tierra como la Luna están influenciadas a su vez por la atracción gravitatoria del Sol.) 

Después de ver el vídeo hay una cosa que está clara: aunque la cara de la Luna que vemos desde la Tierra es siempre la misma, no siempre la vemos exactamente igual. 

jueves, 5 de mayo de 2011

El gran bulo de la Luna


A mediados de 1835, los lectores del periódico The New York Sun pudieron conocer de primera mano uno de los descubrimientos más increíbles de la historia de la ciencia. En la Luna se habían observado…¡UNICORNIOS!

Portada de The New York Sun de 1834.
En efecto, el 25 de agosto de 1835 se publicó en la página dos del periódico un artículo a cuatro columnas llamado “Grandes descubrimientos astronómicos realizados recientemente por Sir John Herschel en el cabo de Buena Esperanza”. En él se explicaba que el astrónomo inglés Sir John Herschel se había embarcado a finales de 1833 rumbo a Cuidad del Cabo, en Sudáfrica, acompañado de su ayudante el Dr. Andrew Grant y de un enorme telescopio de 7.000 kilogramos. Sir John era el hijo de Sir William Herschel, el gran astrónomo que había descubierto el planeta Urano en 1781, y su prestigio estaba fuera de toda duda.

El objetivo inicial de Sir John era observar el tránsito de Mercurio sobre el disco del Sol, un fenómeno que iba a ocurrir el 7 de noviembre de 1834. Pero gracias a la lente del telescopio, que tenía 42.000 aumentos y que estaba “construida bajo un principio enteramente nuevo”, había realizado una serie de extraordinarios descubrimientos astronómicos.

Retrato (sin peinar) de Sir John Herschel.
Herschel había recopilado estos descubrimientos en un documento y se lo había entregado al Dr. Grant, quien debía hacerlos llegar a la Royal Society, la prestigiosa sociedad que agrupaba a los científicos más eminentes de Gran Bretaña. Pero en vez de eso, el Dr. Grant los había enviado al Edinburgh Journal of Science, no sin antes eliminar los detalles técnicos. Haciendo gala de una gran audacia, The New York Sun había conseguido hacerse con un ejemplar del documento y ahora iba a publicarlos en primicia.

Durante los cinco días siguientes, el periódico explicó a sus asombrados lectores el contenido de este fabuloso documento. Según se relataba, todo había comenzado cuando Herschel apuntó su telescopio a nuestro satélite y descubrió que podía ver los objetos de la Luna como si se encontrasen a menos de cien metros de distancia. Al hacerlo comprobó asombrado que la superficie lunar no era yerma, sino que estaba cubierta de unas flores de color carmín, muy parecidas a las amapolas de nuestro planeta. A este prado de amapolas le seguía un enorme bosque lunar, en el que crecía una especie de abeto, y luego un lago de agua azul marino con “una playa de brillante arena blanca”. También había ríos e islas, y de la tierra emergían cristales de cuarzo y amatista en forma de obeliscos y pirámides que podían alcanzar casi treinta metros de altura. Todo estaba explicado con tal lujo de detalles que era difícil no imaginárselo.

Así de animada habría estado la superficie lunar en 1835.
Este fabuloso paisaje estaba habitado por multitud de especies vivas jamás vistas antes. Entre otras, había rebaños de bisontes diminutos, ciervos de gran tamaño y castores bípedos. Estos últimos animales eran de lo más curioso: además de andar a dos patas, construían mejores chozas que muchas tribus humanas y, atención al dato, ¡conocían el uso del fuego! Pájaros de diversas especies surcaban el cielo, como un pelícano gris o una grulla blanca y negra. Y por las playas rondaban extraños animales anfibios de forma esférica. Ninguno de ellos, sin embargo, sorprendió tanto a Herschel como unas criaturas azules con un cuerno. Se parecían a las cabras, pero al mismo tiempo eran elegantes como gacelas. En su honor, el valle donde los descubrieron fue bautizado como el “Valle de los Unicornios”.

Apenas habían pasado tres días desde que The New York Sun empezara a informar a sus lectores de los extraordinarios descubrimientos de Sir John Herschel, y ya no se hablaba de otra cosa en la ciudad. Pero aún quedaba la traca final: el día 28 de agosto se anunció el descubrimiento de vida inteligente (más inteligente aún que los castores, se entiende). Herschel y Grant se quedaron de piedra “cuando percibimos cuatro manadas sucesivas de grandes seres alados […] Era evidente que estas criaturas estaban conversando; su gesticulación, especialmente la acción variada de sus manos y brazos, parecía apasionada y enfática. De ahí inferimos que eran seres racionales. […] Dímosle la denominación científica de Vespertilio-homo u hombre murciélago; y es indudable que son criaturas inocentes y felices, aunque algunas de sus diversiones no se avendrían muy bien con el decoro de nuestras costumbres terrestres”.

Un hombre-murciélago,
posando para la ocasión. 
Estos hombres-murciélago habían construido un enorme templo de zafiro, con pilares de más de veinte metros de altura y un tejado amarillo que parecía oro. Aquello era tan fabuloso que el propio Sir John en persona analizaría sus descubrimientos en la siguiente entrega, la sexta. Pero entonces ocurrió lo inevitable. Los lectores de The New York Sun, que esperaban ansiosos más detalles sorprendentes, fueron informados de que, en un descuido, el telescopio se había quedado mirando hacia el este, de manera que cuando amaneció, los rayos solares, concentrados en las lentes, habían practicado un agujero del tamaño de una circunferencia de 4,5 metros a través de la cámara reflectante. El incendio que se produjo fue sofocado a tiempo de salvar el observatorio, pero el telescopio quedó inservible.

La otra historia
Como ya te puedes imaginar, toda la historia fue una enorme patraña. Nadie había visto unicornios trotando por una pradera, ni hombres-murciélago que caminaban y conversaban, ni nada parecido. El tal Dr. Grant no existía y el Edinburgh Journal of Science…¡había cerrado hacía unos años! Lo único cierto era que Sir John Herschel se encontraba en Ciudad del Cabo, eso sí, ajeno a todo este asunto y realizando sus propias observaciones astronómicas. Su objetivo era catalogar las estrellas, nebulosas y demás cuerpos celestes visibles desde el hemisferio sur para completar la clasificación estelar iniciada por su padre, Sir William. (De hecho, regresó a Londres en 1838 y se ganó una medalla de la Royal Society por sus resultados.) Cuando le contaron la historia y su supuesta participación en ella, su reacción fue…reírse a carcajadas.

Richard Adams Locke, supuesto autor
del bulo, con cara de pocos amigos.
Por lo visto, esta alucinante historia fue urdida por un escritor inglés llamado Richard Adams Locke, que había llegado a Estados Unidos tres años antes. Después de trabajar en varios periódicos como reportero, había aceptado a principios de 1835 un puesto en el joven y modesto The New York Sun.

Si lo que pretendía Locke era aumentar las ventas del periódico con una historia sensacionalista, su trabajo fue un rotundo éxito: a los neoyorquinos les fascinó tanto  que las ventas del periódico pasaron de 8.000 a casi 20.000 ejemplares. The New York Sun se convirtió durante unas semanas en el periódico de mayor tirada de todo el mundo. (Por entonces, el londinense The Times tenía una tirada de 17.000 ejemplares.) Los periódicos rivales estaban furiosos. Uno de ellos, el Journal of Commerce de Nueva York, quiso reimprimir toda la historia y sacar tajada también. Locke intentó disuadir a sus editores, pero ellos se empeñaron en hacerlo. Finalmente, Locke no tuvo más remedio que admitir la verdad. Al menos eso fue lo que afirmó el Journal of Commerce, que anunció a bombo y platillo que la historia había sido una burda invención.

Todo esto no impidió que el bulo lunar traspasara las fronteras de Estados Unidos y llegara a otros países. Incluso existe una traducción al español, de 1836, realizada por Francisco de Carrión (y que hace poco ha sido digitalizada por Google; su enlace, de obligada lectura, lo puedes encontrar más abajo en las referencias).  No tiene desperdicio el prólogo, en el que el bueno de Carrión afirma que "Decir no lo creo, por que no lo he visto, u otras trivialidades, o por lo chocante que parezca el que haya hombres con alas en la Luna, y antojarse, sin más examen, paparrucha inventada por la imaginación fecunda de un burlón; no es modo de raciocinar." 

En cuanto a The New York Sun, nunca admitió que la historia fuese falsa, a pesar de las evidencias y de la polémica que se desató. Y lo que resulta increíble –casi más increíble que la propia historia-, ¡siguió manteniendo su tirada!


P.D. - En Wikipedia se afirma que el repentino éxito de ventas del periódico no es más que una leyenda. No he encontrado datos concretos para confirmarlo o desmentirlo, pero eso no me encaja con que la historia fuese publicada en varios países. El propio Herschel, que tanto se rió la primera vez que le contaron la historia, acabó bastante harto de las cartas de lectores de todo el mundo pidiéndole detalles de sus supuestos descubrimientos. Una de ellas, por ejemplo, venía firmada por un gran número de clérigos que le preguntaba un método para comunicar a distancia el Evangelio a los selenitas. Si tanto caló en el público, lo normal es que eso se tradujese en un enorme aumento de la tirada.


FUENTES:
  1. Evans, David S., The Great Moon Hoax, Sky and Telescope, September, 1981 (196-198); October, 1981 (308-311).
  2. Whitehouse, David, La Luna, una biografía. Editorial Kailas, 2008.
  3. The Great Moon Hoax, Museum of Hoaxes.
  4. Grandes Descubrimientos Astronómicos Hechos Recientemente por Sir John Herschel en el Cabo de Buena Esperanza, Imprenta de Ignacio Estivill, 1836.


martes, 15 de marzo de 2011

La carambola de la Luna

Los modernos telescopios resultan vitales para explorar el Universo. Son capaces de rastrear galaxias lejanas en busca de planetas o de detectar restos de la Gran Explosión que dio origen al Universo, hace miles de millones de años. Nada parece escaparse de su alcance. ¿Nada? Bueno, sí. Muy cerca de la Tierra hay un lugar que ni siquiera el más potente de nuestros telescopios puede ver. Se trata de la cara oculta de la Luna.

La cara oculta de la Luna
En efecto, una de las dos caras de la Luna siempre permanece invisible para nosotros, sin mirar a la Tierra. Esto es una consecuencia de la atracción gravitatoria terrestre que, después de millones de años, ha conseguido ajustar la velocidad de rotación de la Luna al movimiento de la Tierra: el tiempo que tarda la Luna en dar una vuelta completa a nuestro planeta es el mismo que emplea para rotar sobre su propio eje. Puedes coger dos naranjas, como si fuesen nuestro planeta y su satélite, y comprobar  que esto hace que desde la Tierra sólo veamos una de las dos caras de la Luna.

Ahora bien, ¿siempre ha sido esa misma cara? La pregunta puede parecer sorprendente, pero más lo es la respuesta que han dado los científicos franceses Mark Wieczorek y Matthieu Le Feuvrem. Según su estudio1 publicado a principios de 2009, el impacto de un asteroide podría haber reorientado la Luna, hasta llegar a la posición que ahora vemos desde la Tierra. En tal caso, la actual cara visible de la Luna fue una vez la cara oculta, y viceversa.

Huellas de un pasado violento
La superficie lunar está plagada de cráteres, cuyo diámetro puede variar desde apenas un metro hasta más de 2.000 kilómetros. Algunos de los más grandes que se encuentran en la cara visible se pueden ver a simple vista, sin la necesidad de un telescopio. Al principio, los científicos pensaron que el origen de estos cráteres era volcánico. Pero después de analizar las muestras de rocas lunares que trajeron las misiones Apolo, se descartó esta idea: los cráteres de la Luna se formaron como consecuencia del impacto de meteoritos. 

El choque de un meteorito contra la superficie lunar causa una explosión que excava una cuenca llamada cráter de impacto. El material expulsado por el choque se acumula fuera del cráter y forma un anillo a su alrededor. También sale disparado una gran cantidad de polvo fino que se derrama a grandes distancias, dejando unas brillantes líneas llamadas rayos.

Debido a la ausencia de viento y agua, la erosión en la superficie lunar es prácticamente inexistente. Esto provoca que cráteres muy pequeños se conserven bastante bien después de miles de millones de años. ¡Hasta las pisadas de Neil Armstrong y compañía permanecerán ahí durante siglos! Pero con los rayos, al ser excepcionalmente finos, no ocurre lo mismo. Poco a poco, la llegada de partículas procedentes del espacio basta para removerlos y esparcirlos hasta que, al cabo de millones de años, desaparecen por completo. Los rayos se han convertido en una herramienta científica muy útil para estimar la edad de los cráteres: los más jóvenes lucen todavía unos hermosos rayos, mientras que los de los cráteres más antiguos se han borrado totalmente.

El joven cráter Proclus, de unos 5 millones de años, haciendo gala de sus rayos .

El cráter no es la única consecuencia del choque de un meteorito contra la Luna. A causa del impacto, la propia Luna oscila ligeramente. En la mayoría de los casos, las oscilaciones son pequeñas y se amortiguan con el paso del tiempo, hasta que finalmente desaparecen. Pero si el objeto tiene un tamaño considerable, se mueve a gran velocidad y el impacto se produce en el lugar apropiado, las consecuencias serían dramáticas. La Luna saldría de su equilibrio y empezaría a cabecear de un lado para otro, como un péndulo, de forma que ambas caras pudiesen ser vistas desde la Tierra. Tendrían que pasar varios miles de años para que la fuerza gravitatoria terrestre reestableciera la rotación sincronizada de la Luna. Y entonces, como una moneda que se hace girar de canto, sería una cuestión de suerte que fuese la misma cara o la opuesta la que apuntase ahora a la Tierra. De acuerdo con las leyes de la física, ambas opciones tendrían la misma probabilidad de ocurrir.